Esta estación no se porque pero el ánimo me lo hunde un poco, será que además del acorte de días el que de repente te recorten otra hora mas hace que el espíritu tarde algo en adaptarse.
La contrapartida es que es la mejor época del año para perderte por el monte, los colores de las hojas van cambiando, el terreno se ablanda y los olores renacen con fuerza, sin contar con las setas, pero claro lo que tenemos por delante en el calendario son unas cuantas pruebas de asfalto hasta llegar al Mapoma, por lo que las sesiones no suelen ser por esos idílicos parajes y la prima vagancia te hace múltiples visitas.
No es que la haga demasiado caso pues en lo que llevamos de mes han caído 8 salidas mas alguna buena caminata, pero siempre con la sensación de que se sale porque es lo que toca.
Esta noche me he liado el frontal a la cabeza y las zapas de monte a los pies y he salido hacia nuestro querido Cerro, sin un objetivo claro simplemente ir viendo lo que salía; que básicamente han sido 13,5 km muy disfrutones dejándome llevar por los pies y terminando con mucha fuerza, haciendo el último kilómetro y medio a 4:30 siguiendo a las piernas que son las que se han puesto a tirar.
Eso sí como buena salida nocturna ha tenido su "anecdota" cuando al girar una curva de la senda me encuentro con dos puntos brillantes mas o menos a un metro del suelo y todo en absoluto silencio, me he quedado paralizado hasta que poco a poco he visto que el perro no estaba solo, pero preparado a la menor amenaza a subir al muro que tenía a mi izquierda, no se si sería mucho pedir que los perros pasearan atados, al menos es lo que hacía cuando lo tenía, evitaríamos al menos sustos.
Cero que seguiré pateando el monte hasta que empiece el plan específico Mapoma, es el mejor antídoto contra el otoño.